La mayoría de los niños les encanta jugar al aire libre, tocar la tierra y explorar. Siendo así, la jardinería puede convertirse en una actividad divertida y una forma muy educativa de mostrar a los niños detalles sobre la naturaleza, ecologismo e importancia de los alimentos.

Lo más animador para un niño es poder empezar poco a poco y ver su propio jardín crecer y cobrar vida. Lo mejor es elegir semillas que crecen rápido, como rábanos, guisantes o pepinos. Los niños más pequeños se llevan mejor con semillas más grandes, como las del maíz, frijoles o girasoles.

La elección de las plantas probablemente será las que sean de la preferencia de los niños, los que más les gustan comer. Recuérdate que el jardín deberá ser pequeño y que pocas variedades se adhieren a este espacio. Puedes incluir algunas flores también.

Es interesante que los niños empiecen a plantar desde semillas. Ubica el jardín en un local donde puedan ver frecuentemente, donde juegas y suelen caminar. Cuanto más ven su jardín, más se darán cuenta de los cambios.

Para mantener el interés de los niños por la jardinería, puedes recurrir a las revistas de esta temática o incentivarle a crear un diario de jardín, pueden hacer un dibujo de cómo creen que serán las plantas cuando crezcan y tomar notas sobre como plantaron las semillas y cuando vieron el brote por primera vez.

Deja que los niños te ayuden a preparar el suelo, herramientas para niños harán la tarea aun más interesante. Ofrecer también a los niños una pequeña regadera para ayudarte a regar las plantas es una gran idea.

Puedes poner una etiqueta o una señal con el nombre del niño para que todo el mundo pueda ver que aquel se trata de su propio jardín.

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